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EL PUNTO ROJO DE LAS MUJERES HINDÚES

El bindi es el famoso punto rojo que llevan las mujeres indias sobre la frente que tanto llama la atención a los occidentales. Tradicionalmente, el bindi se hacía con la sangre del novio durante la boda y era él mismo quien lo colocaba en la frente de la novia, de manera que así el vínculo del matrimonio se hacía inquebrantable.

La historia nos cuenta que el punto rojo que las mujeres hindúes pintan en su tercer ojo es un símbolo de la sangre menstrual. Originalmente, las mujeres pintaban su tercer ojo con su propia sangre y la magia de la sangre abría el sexto chakra (centro energético asociado a la visión espiritual y psíquica).

El aspecto visionario de la menstruación está claramente invocado por esta práctica. La sangre lo transporta a las células del cuerpo y por esto la sangre contiene el conocimiento del código genético (ADN). El código genético y el lineaje familiar, están contenidos en el corriente sanguíneo. Toda célula del cuerpo es un microcosmo del todo.

Al pintar nuestro tercer ojo con nuestra sangre, nos abrimos al conocimiento oculto de este código genético. Esta información incluye un profundo conocimiento ancestral y puede traer una comprensión de nuestros propios patrones familiares y aquellos del género humano.

Todos traemos dentro el conocimiento de todas las generaciones de seres humanos que han existido. Oculta en este código hay una masa de información reunida a través de la historia. Ocasionalmente, la información queda adormecida y a veces, desea aflorar de nuevo. Estamos viviendo en una época en que el conocimiento de la tierra y de la mujer, está retornando a la conciencia colectiva y a través de nuestra sangre podemos entrar en ella.

La próxima vez que sangres, trata de relacionarte concientemente con tu sangre. Intenta pintar un pequeño punto rojo entre tus ojos y observa cómo el conocimiento de la tierra y de tus ancestros fluye hacia tu conciencia. Pinta un punto rojo en tu tercer ojo antes de irte a dormir para aumentar tus sueños.

Por Lara Owen. Extracto del libro “Her blood is gold”

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